¿Ontología de un oficio?

Me pregunta mi buen amigo Oliver Davidson (bueno ya... Julián Iriarte) en un comentario que, a la hora de dar los clics, apreté el botón equivocado, si mi entrada anterior "escort" es más un lamento que una broma.


¡Ontología de un oficio! Reflexionar el ser... me gusta la idea:


-¿Qué soy?- Le dice el filósofo a la prostituta
-Es viernes- contesta ella muy quitada de la pena y sigue mamando


A decir verdad, no pensé en eso cuando escribí el post... ¿qué somos las putas, cómo trascendemos? La neta es que igual que los demas, respirando, pensando, haciendo y dejando de hacer. Nunca lo he pensado aunque igual es hora.

En todo caso, lo que traté de plantear en el post anterior era más bien la ontología del lenguaje ¿por qué para adornar o ponerle babita a un término, en vez de decirnos lo que somos, nos inventan nombres? escort... maripositas... damas de noche... aventureras... no sé, en cualquier modo, la mayoría suenan románticas, pero ¿escort? no mouse... ¡ese es un choche de la ford!

Escort


Respuesta a pregunta expresa:
¿Cuál es la diferencia entre una escort y una prostituta?

Diferencia 1
Prostituta: Es una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.
Escort: Es un carro de la Ford

Diferencia 2
Prostituta: Es una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.
Escort: Es una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de mucho dinero.

Diferencia 3
Prostituta: Es una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.
Escort: Es una persona muy guapa que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero.

El trabajo sexual, sea desfilando en las siempre populosas calles de la Mechita o tocando la puerta en una habitación del María Isabel Sheraton, no deja de ser lo mismo en lo esencial. Una y otra vamos a coger. La diferencia, en todo caso, está en el servicio al cliente, algunas estaremos más bonitas, seremos más jóvenes, habremos estudiado un poco más o cobraremos más caro, pero todas cuando nos quitamos los chones vamos a lo mismo. Al final del día, llamar escort a una prostituta no es otra cosa que decirle invidente a un ciego, robusto a un gordo o adulto mayor a un viejito. Es la neta con jilocaína.

A decir verdad, después de cobrar, todas somos prostitutas.

Genia y Figura... 55 1225 1996

Si, si, si... No podría ser yo si no perdiera el teléfono en menos de un mes.

He cambiado, sí, pero no tanto, odio tanto ir a Telcel que nunca he tenido plan ni modo de mantener los números de los teléfonos que voy perdiendo ¿qué le voy a hacer? Por eso, al menos, ya compro de los súper baratitos.

El caso es que para variar, se me quedó el teléfono en un taxi. Lo peor de todo, es que tenía para hoy acordada una cita que se antojaba riquisísima con una chica que se llama “C” y su galán y ¡Zaz! Estoy incomunicada.

Porfa “C” si lees esto, llámame al

55 1225 1996

ÉSTA YA ES MI NUEVO MÚMERO
Claro, hasta que se me vuelva a perder, he de admitirlo, así soy…

¡MI PRIMER MILLÓN!

¡UN MILLÓN DE GRACIAS!

Gina... (Conclusión)

Ella dio el primer paso. Apenas moviéndose, se aceró a mí, me tomó de la cintura y me plantó un besote en los labios. Yo me quedé quietecita y calladita. La dejé hacer, pero tardé en reaccionar. Su mano en mi cintura comenzó a escalar por mi espalda, hasta desviarse hacia mis pechos, apretar mis pezones y desabotonarme la blusa. Fue entonces cuando reaccioné. La tomé de la nuca y correspondí al beso con cariño y realmente disfrutándolo. Estaba completamente empapada y deseosa cuando Gina desabrochó el sostén y dejó mis pechos al desnudo. A partir de ese momento, la dejé tomar el timón. Me llevó a bien puerto ¡Tres veces!

Cuando me preguntan si me gustan las mujeres, siempre contesto que sí. Lo suficiente como para coger con ellas, pero no tanto como para enamorarme de una. Sin embargo, hace tres semanas que lo hice por primera vez con Gina y es fecha que seguimos en plan de novias. No tengo planeado nada, pero ah qué rico nos la estamos pasando…

¿Podrían creerlo? ¡Tengo NOVIA!

Moraleja: Nunca digan "De esta agua no he de beber".

Fin

P.D. ¿Llegaremos mañana o pasado? ¡Carajo! Un millón es mucho ¿No?

Gina... (Tercera parte)


Como parte del juego, a veces les leo, antes de enviarlo para su publicación, lo que escribo para la columna y, entre todas, le damos una última manita de gato. Hace un par de semanas, nos quedamos solitas Gina y yo en mi depa. Le serví un whisky y nos pusimos a platicar como siempre. Entonces la leí la columna de lo que me pasó con Brenda, la chava que se parece a Ludwika Paleta. No sé porqué, pero la lectura nos puso cachondas a las dos. Cuando terminé, nos quedamos calladitas, tumbadas en mi cama y viéndonos a los ojos. Uno de esos silencios breves que parecen eternos y en los que está una esperando a ver quién se anima a dar el siguiente paso...


continuará...

Gina... (Segunda parte)


Hasta la fecha, me mantengo en esa certeza, pero soy lo suficientemente humilde para reconocer que si algo cambia con el paso del tiempo, son las convicciones. Aunque a Gina la conocí hace poco, nos hicimos súper amigas. Trabaja en la misma agencia de escorts donde chambeaba Lulú y casi de inmediato nos hicimos retecuatachas. Es curioso, en todos los años que llevo trabajando en esto, es la primera vez que me hago amiga de mis colegas. Tal vez porque cuando las conocí estaba retirada y no las veía como competencia, el caso es que con varias de ellas inicié una amistad muy chida.

De entre todas, con la que mejor me llevé desde el principio fue con Gina. Es una chavita súper alivianada, reventada, entrona y alegre. Es, además, un verdadero caramelo. Tiene uno de los culos más sabrosos que he visto, ojos preciosos y unos muy moldeables y pervertibles 20 añitos. Está sabrosa del lado que la veas y a la hora de coger es complaciente y generosa. Su piel es blanca, tirándole a trigueña, su cintura breve, su sonrisa fascinante y sus senos dos naranjas maduras.

A menudo, Lulú, Gina, Alejandra (la de Guadalajara), Mireya (le decimos “la licenciada”), Giovanna y yo, nos reunimos para contarnos cómo nos fue en el día. Generalmente, hablábamos de lo que pasa en el trabajo, qué tal han estado los clientes o cosas como esas. Terminamos tumbadas en un sillón o en la cama, con un par de copitas de tinto y un cigarrito riéndonos con las anécdotas del día, hasta que nos gana el sueño o tenemos que despedirnos.
Continuará...

Gina... (Primera parte)


Si me dieran un peso cada vez que alguien me pregunta si me gustan las mujeres, calculo que ya me habría comprado, al menos, un carrito. Sí, me gusta la tortilla, siempre y cuando (¡claro!), la chavita con la que he de compartir salivita, sudores y cachondeo, esté igual o más buena que yo. Siempre lo he dicho: en esto del sexo no me ando con prejuicios y a una buena oferta de placer, no les hago nunca mala cara. Igual es porque cuando era niña, mi mamá me decía (cuando quería obligarme a comer chayotes o espinacas), que no puedo decir que algo no me gusta, hasta que lo he probado… Así que, cuando se dio la ocasión, probé la carne de hembra y me gustó ¿Qué le voy a hacer? ¡Salí heteroflexible!

El caso es que, aunque me gusta echarme al plato a una niña bonita y sabrosona de vez en cuando, siempre he sabido que no puede ser la base de mi dieta sexual. Estoy convencida de que para ser feliz a largo plazo, al menos yo, necesito que entre las piernas de mi pareja cuelgue un trozo de carne y nervios de entre 17 y 25 centímetros, dispuesto a calmarme las cosquillas en esas tardes lluviosas o bajo la luna de octubre. Por eso, siempre que me preguntan si me gustan las mujeres, respondo que lo suficiente como para acostarme con una, pero no tanto como para enamorarme de ella. ¿Qué caso tendría? Tarde o temprano, algo en mis instintos me haría salir a buscar los brazos, las piernas y el sexo de un hombre.

Hasta la fecha, me mantengo en esa certeza, pero soy lo suficientemente humilde para reconocer que si algo cambia con el paso del tiempo, son las convicciones.


Continuará...

Brenda (III Parte) 04455 1826 4370


Episodio 3. Fernanda vs Cliente vs Brenda

De pronto Brenda estiró un brazo y me llamó a la acción oral. Brenda a mí, yo al cliente y el cliente a Brenda. Nada más justo en tiempos de crisis que la equitativa distribución del trabajo. Acabamos agotados y nos quedamos un rato en reposo, recuperándonos entre besitos y arrumacos. Yo me acosté boca abajo, lo que Brenda aprovechó para sentarse sobre mis nalgas y darme un masaje en la espalda, se sentía delicioso.

Episodio 4. Cliente vs Brenda, Fernanda en relax


Me estaba masajeando Brenda los hombros, con las rodillas sobre la cama y dándome besitos en el cuello, cuando el cliente se levantó. Se puso un preservativo y así sin más se la dejó caer a Brenda. Ella se dejó hacer. Me besaba y acariciaba con legítimo deseo mientras era penetraba por aquel muchacho. Cuando al fin se vino, los dos cayeron rendidos sobre mí. En la cama se acurrucó conmigo y me dio un beso en los labios.

Episodio 5: Fernanda vs Brenda.


Brenda cerró los ojos, me abrazó y comenzó a jugar con mi cabello. Yo puse la mano entre sus piernas y la acaricié, pronto el descanso se convirtió en espasmos y quejidos al ritmo de la fricción de mis dedos. Me moví lo mejor que pude y creo que la hice sentir muy bien. Para cuando la güerita soltó su último orgasmo la hora pactada ya había sido rebasada por mucho, nos bañamos, nos vestimos y salimos de allí.

Epílogo

Nos despedimos con la promesa de volver a hacerlo, pero por puro gusto y sin cliente de por medio. Quise darle la mitad de lo que el chavo nos pagó, pero se negó a recibirlo. Realmente lo había hecho por el puro gusto de estar conmigo. ¡Estupendo! La pasé riquísimo y encima, cobré doble. Ha sido maravilloso volver al ruedo.

Un beso
Fernanda, siempre

Brenda (II Parte)


OJO: TRAIGO NUEVO, NUEVO TELÉFONO. SI QUIERES QUE LA PASEMOS RICO, LLAMA AL 04455 1826 4370


Decía el viernes que me encontré con Brenda (mi colega) en el lobby de un hotel, mientras esperaba a que llegara un cliente con quien me había quedado de ver. Estuvimos platicando. Ella es muy agradable y extraordinariamente guapa. De cara, es idéntica a Ludwika Paleta; de cuerpo, a Ninel Conde. Para no hacérselas larga (la historia), terminamos atendiendo juntas al cabrón que me esperaba a mi (el comienzo de esta historia está dos posts abajo). Toc, toc, toc.

En cuanto el tipo nos abrió, empezamos a besarnos largamente y sin pudor. Él nos miraba sin saber qué hacer, hasta que le pedimos que se acercara, estaba guapito y se veía buena onda. Intercambiamos besos a tríos, todo era muy excitante. Brenda empezó a acariciarme y a partir de allí perdí el control, nos fuimos desnudando lentamente. Lo hicimos espléndidamente, tanto que pa’ no hacerme bolas, mejor lo cuento en episodios.

Episodio 1: Brenda vs Fernanda.

Cuando nos acercamos a la cama, Brenda le dio un beso al muchacho y le dijo que primero mirara, pues le gustaría lo que iba a ver. Era claro que el tipo estaba maravillado; ni en sus más fantásticas chaquetas habría imaginado que, por ese precio, junto conmigo (cuyas fotos ya había visto) vendría una mujer tan guapa como Benda. Una niña simplemente preciosa. Él se sentó a mirar y ella, se tiró sobre mí y me dio un beso de esos que te hacen temblar hasta la médula. Me besaba riquísimo mientras me acariciaba los senos y entre las piernas. Luego se fue bajando, de beso en beso y de caricia en caricia, hasta poner sus labios entre mis muslos. No tardé en gritar de placer. Brenda resultó una maga con la lengua.

Episodio 2. Brenda vs Cliente.

Apenas me vine, el cliente se acercó dándole un beso a Brenda. De inmediato se enroscaron en un 69, mientras yo los miraba recuperando el aliento. Así estuvieron un buen rato, mientras yo me masturbaba.

Episodio 3. Fernanda vs Cliente vs Brenda... lo cuento luego (por no comprar el Metro ji, ji, ji...)

Gracias a ti...

Y la reseca muerte no te encontró sin haber hecho lo suficiente...

Mercedes Sosa
1935-2009
q.e.p.d.

Brenda

Brenda es la chava más exageradamente buena que conozco. Claro que cuando digo buena no me refiero a su bondad (que no pongo en duda), sino al hecho incuestionable de que cada molécula en su cuerpecito es absolutamente perfecta. Digamos que junto a ella, Ninel Conde parece plana y malhechita. Tiene el vientre marcado, unas tetas impresionantes, un trasero que corta la respiración, su cintura es más breve que un suspiro y sus piernas parecen cinceladas en mármol. Su rostro es, también, una cosa angelical. Cada detalle en él es perfecto, pero sus ojos ¡Caramba! No existe un azul más profundo que el de sus pupilas. Por si esas fueran pocas virtudes, además, es putísima, muy divertida y abiertamente bisexual. Trabaja bien, pero eso sí, cobra carísimo.

Hace unos días, cuando salía de una cita, recibí la llamada de un señor que quería verme. Acordamos encontrarnos en ese mismo lugar en aproximadamente una hora o lo que él tardara en desplazarse desde por el rumbo de Ciudad Universitaria. Estaba lloviendo y había un tráfico endiablado ¿Qué hacer? En Avenida Revolución no hay por dónde ponerse a caminar, ni tienditas para ir a perder el tiempo; regresar a mi cantón habría sido una locura con ese pinche tráfico, así que decidí esperar, viéndome los nudillos, en el bar del hotel.

Cuando comenzaba a aburrirme, vi a Brenda pasar frente a la recepción. Venía también de cogerse a un cliente, traía un vestido rojo de falda corta y muy elegante, que la hacía lucir linda. Cuando escuchó mi voz, volteó, me miró con su cara de traviesa, me regaló una sonrisa, caminó a donde yo estaba y se sentó junto a mí.

Estábamos a mitad de la actualización de nuestras respectivas historias cuando recibí una llamada del cliente al que estaba esperando. Me preguntó si de pura casualidad no tenía una amiga para convertir el asunto en trío. Le contesté que no. La neta es que no trabajo con otras chavas y no tengo a quien llamar en esos casos de emergencia. Se lo conté a Brenda y casi me recriminó el porqué no le dije al cliente que sí. Después de todo, allí estaba ella. Le expliqué a mi amiga que me había negado porque conocía los precios que ella maneja y no iba yo a boicotearme con semejantes pretensiones.

“¡Háblale y dile que sí” Me dijo terminante “Le cobro lo que tú cobres, ni un peso más!”. Obedecí. El cliente llegó sin que lo notáramos pasar, pues cuando llamó para decirnos que nos esperaba ya hasta estaba instalado en la habitación 201. Subimos juntas. En el elevador Brenda me miró a los ojos y dijo: “Aunque no hubiera cobrado por esta, lo que se me antoja desde hace mucho es coger contigo”. La verdad es que yo también moría de ganas. Llegamos a la habitación. Toc, toc, toc…
Fragmento de lo publicado en Metro el 24 de septiembre de 2009