El Naco

Queridos amigos, toda mujer tiene un episodio en su historia del que no se siente orgullosa, una metida de pata, similar o conexa. Imagínense ahora el tipo de episodios que hay en la historia de una profesional del sexo. No tengo broncas existenciales ni me arrepiento de nada que haya hecho, pero tengo en mi historial uno que otro espécimen que al menos no me hacen enorgullecerme de con quién lo he hecho. Pecando de indiscreta, pero sin daños a terceros, les voy a contar la historia de lo que me sucedió ayer.

Resulta que me divertí mucho con un cliente que me llamó como a eso de las ocho de la noche y al que vi a las nueve y media. Algo oí en la llamada que se antojaba entre lo simpático y lo vernáculo. Dejémoslo en que era un auténtico y legítimo “naco”. No me refiero a un término medio ni a alegorías, sino a un puro y completo naco, de esos que sólo se ven en películas de Luis de Alba o de Pedro Weber Chatanuga. Pero no se confundan, no lo digo como crítica ni con prejuicios, no uso el adjetivo para denostar o como peyorativo. A mí me encanta la gente auténtica, me fascina lo mexicano y soy valedora del orgullo chilango.

Como mujer, me encantan los hombres de color entre bermellón y purpúreo, con la piel del genuino mexica, los modales de tlacuache y el canto en la voz como de Pedrito Infante hablándole a su chorriada. Me gustan tanto que en mis peores momentos, hasta viví con uno (De veras que no tengo remedio).A mi naco lo conocí hace muchísimos años: cuatro (en este negocio cuatro años son una vida). Llevaba poco tiempo en trabajando en internet y “mi naco” me pareció el caballero tlaxcalteca que necesitaba para conquistar la gran Tenochtitlán. Le decían “el Bimbo”. No sé por qué, si más bien parecía chocorrol y esos son de Marinela. No era un tipo común. Su ordinariez era tan completa que verdaderamente resultaba encantadora, el modo holgazán que tenía de caminar echando el bulto pa’lante y la simpleza con que inventaba palabras tejidas en lo burdo del barrio, lo hacían digno de decorar el escaparate de una tienda de artesanías. ¡Llévelo marchantita, está hecho a mano, dos por un peso! Era un cabrón que sentía que las podía todas y así las repartía. Andaba por el mundo con donaire de guerrero chichimeca. Un machín con los güevos bien plantados, ojete de entre los ojetes y “bendecido” entre las mujeres (como él decía). Neta que nomás le faltaba el “tururú…” para ser Juan Camaney.

Seguramente para algún antropólogo el cabrón sería un caso fascinante, aunque a veces pienso que habría sido más adecuado para un reportaje del Nacional Geographic o de Animal Planet. El caso es que el canijo se me presentó como rey del barrio y emperador de la urbe, puso a mis pies los doce barrios chilangos en un par de monólogos atestados de “manita”, “güerita”, “mi reina”, “chanbiar”, “el talón”, “la chota” y otras tantas palabras comunes de ese español alternativo, me convenció de que sólo con él podría conquistar la ciudad de los palacios y yo, dieciochoañera y con ganas de creerle todo, le compré la idea. Su estilo todopoderoso de mafiosillo de la colonia Roma y su porte de tlatoani me tenían absolutamente enculada.

Algo en mi cabeza (un puto Pepe Grillo al que pocas veces hago caso), me gritaba ¡Cuidado! Mira que no es lo mismo decir “ira” que “mira”, ese mazehual y tú están condenados a hacer corto circuito, son agua y aceite. Pero hay de mi que autocomplaciente me dije: “Fernandina, Fernandina, pues ya de puta andas, ya nada más te falta tener “your own fucking pimp” y que le doy el sí. Al principio todo estaba a toda madre, pues éramos una maravilla. Él, con todo y su simpleza, o quizá debido a ella, tenía una personalidad seductora y salir a su lado era como andar por el mundo escoltada por un doberman con rabia.

Desafortunadamente, eso que era su encanto resultó también ser su perdición. Aunque con él me enseñé a entender y revirar albures, a andar por el barrio bravo, la verdad es que había mucha distancia en nuestras formas de comportarnos, de hablar, de ver el mundo. Él de pronto no aguantaba el peso del código postal. Le chocaba oírme hablar, verme relacionándome, conocer a algunas de mis amistades. Como que empezó a sentir que si nos jalaban de la piel de entre el cuello y la espalda él pegaría un chillido y a mí me podrían levantar sin sentir dolor alguno, lo que le provocó un complejo que lo convirtió en pesadilla.

Un día comenzó a gritarme y yo le grité más fuerte, otro día los gritos se volvían escupitajos y le puse un ultimátum… al final se le ocurrió hablarme como a sus queridas del viejo barrio, pero mi estimado garañón no contó con que no todas somos Cuatlicues del siglo XXI ni permitimos tratos desconsiderados, así que cuando gritó “¡A la verga!” por primera vez, simplemente le advertí, pero cuando escuché por cuarta vez ese grito de “¡A la verga!” le dije sonriendo y con mis ojos clavados en los suyos: “Querido, si tanto te gusta traer la verga en la boca, te voy a recomendar que trabajes conmigo, pero a donde todo esto se va a la de ya es a la chingada”.

Desde entonces no lo he vuelto a ver, ni tengo el menor deseo de hacerlo, pero debo reconocer que el compadre que ayer amablemente solicitó mis servicios tuvo un instante en el que me recordó aquel loco episodio de mi vida y, superado, me robó una sonrisa. El cliente era, según me dijo, un comerciante del barrio bravo de Tepito. Un muchacho de veintimuchos o treintaipocos con lana y ganas de echar desmadre que decidió darse un gusto. Me encantó encontrarlo recién bañadito, bien vestido, fuerte, airoso, altanero, casi guapo, hasta que su sugestiva sonrisa se convirtió en voz y me dijo “jai man’ta, pz si tú eres “la Ferrr..”

Ay nomás me perdí en el recuerdo, me divertí en sus brazos y decidí que tenía que contarles lo más negro de mi pasado…

Con cariñoFernanda, siempre
fernanda@fernandasiempre.com.mx

(Publicado en el Periódico METRO el 5 de junio de 2007)

10 porras y 2 mentadas:

Alfonso dijo...

Chales, ahora sí mi hiciste consultar el diccionario con eso del pimp. Buena historia. Finalmente, ¿tu ex Pedro El Toro si cumplió metiéndose la verga en la boca? Como mujer, a todo esto, la neta, ¿porqué te gustó tu luchador de dos banquetas?

Marvin dijo...

No sé que me impresiona más, lo cómico de la historia o lo impecable de tu redacción.

Un abrazo.

Fly dijo...

Es una redacción al estilo "crónica de la ciudad" que subyuga en efecto.

Algo que me sorprende es que pensé que sería el único que a pesar de divertirse tendría alguna duda y veo que no, aunque son diferentes. La mía es: ¿Cuanto tiempo aguantaste con ese 'machín'?

Anónimo dijo...

Buenas Noches

He quedado sumamente intrigado por tu blog y es que nunca me hubiera imaginado una sexoservidora escribiendo, y no lo utilizo de manera despectiva , pero si con un tinte de curiosidad es por eso que me atrevo a escribirte un comentario, ya que siempre me habia imaginado que una sexoservidora era alguna persona que no tenia otra opcion para desarrollarse como persona, que entregar su intimidad por dinero y ahora me encuentro con este blog que rompe con ese paradigma y es que a decir verdad tu forma de escribir es mucho mejor que el promedio(incluyendome). Me encantaria saber alguna vez como fue el proceso en el que te convertiste de sexoservidora a escritora o viceversa.

Alex

saludos

Anónimo dijo...

bueno ,la verdad me gustaria conocerte para saber si tienes tanta experiencia como dices mi fernandita, neta q me gustaria mucho.,saludos , seguiremos atentos a estas cronicas basadas en algo, o en alguien sale cuidate ...........................................pd, neta que si quiero conocerte,los rudos los rudos los rudos, y las chivas tambien, esto esta hevy.

QUANTUM dijo...

Aprendemos siempre, la vida es tán sabía...también es un hecho que es chido no quedarse con las ganas.

luis soria hernandez dijo...

Totalmente anonadado!!! creo que ganarias mucho mas dinero de escritora, te lo digo con todo el respeto que le devo a una mujer,una redaccion pulcra, con ritmo, y de mucha profundidad, felicidades.

EMMANUEL LOVER dijo...

Hola Fer....

me encanto tu blog.. y creo ke ya me enamore de ti.......

saludos y por aki andare saludando y leyendo tus historias que son un deleite por su peculiar e impecable estilo.

bye, DTB
Emmanuel

Anónimo dijo...

jajjajaja eres cagadisima!! jaja me encanta tu forma de escribir fernanda, soy una chava de 29 años..primeriza en DF originaria del Bajio, buscaba la revista de fernanda en la web cuando me tope con tu blog...escribes impecable, comica, asertiva, imaginativa, soñadora, apasionada, muy buenas notas fernanda...felicidades y sigue c esa convicción de vida!! ah por cierto siempre hay un pepe grillo...q risa suerte!! un abrzo

Cuatroletras dijo...

jajaja, oye esta muy padre la crònica y gracias por recordarme que todos tenemos un naco adentro.

Y coincido con Marvin, eres impecable al escribir.

Saludos.