¿José Luis?

Ya tengo de nuevo dos nùmeros de celular:
044 55 3142 7494
y
044 55 2145 5971

A proposito de lo que publiqué hoy en Metro, donde cuento el final de mi affair con José Luis y hago referencia a que acá está el inicio de esa historia y, pues pa' que no la tengan que buscar, acá se las refresco, digo... la historia...

Mi primera vez:

José Luis era amigo de mi hermano. Yo tenía catorce y era virgen todavía. Algunas veces habría tocado el pito de algún novio de secundaria, pero no había gozado entonces de uno de a de veras. José Luis en cambio se las sabía de todas, todas. Eso, sin embargo, no fue obstáculo para que fuera yo quien tomara la iniciativa. Iba vestida con el uniforme de la escuela, falda gris un poco arriba de las rodillas, blusa blanca desfajada y ajustada, calcetas a los tobillos. Aquella tarde se había quedado de ver en nuestra casa con mi hermano, él venía con un retraso de una hora y estábamos solos. Le ofrecí una cerveza mientras esperaba. La puse sobre una mesita frente al él, pero al darme vuelta tropecé y la Corona se derramó toda sobre el sillón, el piso, la mesa y las piernas del galán. Instintivamente me arrodillé a secar con un trapo los lugares que había mojado.
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Comencé por el piso, la mesa, el sillón y terminé, no sé si deliberada o automáticamente, por pasar el trapo empapado por la pierna de José Luis. Como siempre me gustó, acostumbraba provocarlo desabrochando los botones de la blusa para que viera el nacimiento de mis pechos adolescentes pero ya de buen tamaño, de modo que en esa posición seguramente tendría una vista inmejorable. Mientras tallaba con delicadeza sus muslos, sentí como algo debajo de la tela comenzaba a hincharse. Tomé en mi mano el bulto como una niña curiosa que sujeta por vez primera un extraño obsequio, comencé entonces a jalarlo con fuerza y con velocidad, José Luis cerró los ojos, tomó mi mano y le dio un ritmo más lento y acompasado.
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Sacó su pene por la bragueta y lo puso en mis labios, estaba tibio y húmedo, yo estaba entre el miedo y el asco, pero no podía dar marcha atrás, tenía que hacer algo, seguir, así que lo besé, pasé los labios por los costados y sentí cada movimiento de esa piel suave y delgada, llena de venas y nervios que dibujaban sus veredas en mi lengua. Recorrí un hilito de carne que se tendía como una costura a lo largo de aquella cosa. Expelía un olor ácido y penetrante, no quería más y sin embargo mi sexo comenzó a hincharse y a humedecerse incontrolablemente. Fue entonces cuando con una de sus grandes manos tomó mi cráneo y empujó su verga dentro de mis labios. Me la tragué toda, nuevamente su mano experta comenzó a enseñarme el ritmo que debía dar a los movimientos de mi cabeza y sus gemidos y contorsiones me aclaraban cuando estaba haciendo un buen trabajo con la lengua. Su enorme equipo me ahogaba y se clavaba ansioso en mi garganta, sin embargo, yo lo disfrutaba. Saberlo a merced de mis dientes, expuesto al capricho de mis mandíbulas me entusiasmaba.
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De pronto decidió arrebatarme el caramelo de la boca, me tomó por las axilas y me levantó en vilo. Me colocó de rodillas sobre el sillón en el que se encontraba sentado, con la cara hacia la pared y las manos apoyadas en el respaldo, rompió mis bragas de un jalón, haciéndome daño, y colocó su enorme pito en la vulva que latía escandalosamente, como un corazón expuesto, colorado y palpitando entre mis piernas. Entonces un miedo intenso se apoderó de mí, mis piernas flacas temblaban ante la inminencia de una penetración impensada. Mi sexo, sin embargo, chorreaba dispuesto por el instinto del placer. José Luis se colocó y empujó suavemente hacia mi un par de veces, la tercera embistió con toda su fuerza, penetrándome salvajemente y de un solo golpe. Se quedó quieto entonces, yo sentí que me había partido en dos, sentí dos arroyos tibios que bajaban lentamente, uno por cada una de mis piernas. Solté un grito sordo y alce la cabeza hacia el techo. Me tomó por el pelo y comenzó a moverse, el dolor era infinito, insoportable, casi tanto como el placer que me provocaba.
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No voy a dar más detalles, basta con contar que durante más de un año mantuve relaciones con él a escondidas. Cómo podía ser de otro modo, tenía treinta años y estaba casado.

(Publicado originalmente el 15 de mayo de 2006)
Yarko, un besototote. Gracias por estar al pendiente.

6 porras y 2 mentadas:

LicDFMex dijo...

Vaya Fernandita que buen relato si que sabes como poner caliente a uno, la verdad me gusta su seccion en el metro si que hace que el viaje en el metro sea menos aburrido jeje. Recibe un cordial saludo y te deseo muchos ricos orgasmos en tu chamba. Cuidate y nos vemos pronto

paulina dijo...

Wow Fer!!!
Cada una de tus crónicas me parece fantastica, eres una chava muy talentosa tanto en la cama como en el teclado y desde el 31 de mayo eh disfrutado de tus relatos, yo estudio Trabajo Sexual...ups! perdon, perdón (siempre me equivico) quise decir Social (TRABAJO SOCIAL) en Ciudad Universitaria y tu eres de las pocas mujeres que verdaderamente admiro y de las tengo como un gran ejemplo a seguir (desde tu seguridad, astuscia y perspicacia)...
TE DESEO MUCHISIMA SUERTE, ESPERANDO NOS SIGAS DELEITANDO CON TUS GRANDIOSOS RELATOS ERÓTICOS POR MUCHO MÁS TIEMPO DEL QUE TIENES PENSADO.
Cuidate mucho y gracias por enriquecernos de tu talento...

KAOS dijo...

Que onda Fer!!:. ya nos tenias abandonados (otra vez!!)

Este es de tus mejores relatos... lo recuerdo bien... aunque sin duda alguna la historia de como te convertiste en escort tambien es una obra de arte...

un abrazo
KAOS

Mario Montero dijo...

Fer realmente admiro tu manera de escribir y expresarte sin pelos en la lengua
Porfas lee mi columna en mi blog a ver que te parece va? Tu opinion me parece extremadamente valiosa
derajasdemoleydedulce.blogspot.com

Hermes dijo...

Entretenida historia... muy entretenida en realidad! ;-)

FARAON dijo...

yo kisiera leer sobre como te hiciste scort por fa hazme ese cumple¡¡¡¡¡¡¡¡