Elevador

Estaba esperando el elevador en un hotel cuando se acercó un hombre que se me quedó mirando. Al abrirse las puertas hizo un ademán caballeroso para sugerirme que pasara yo primero. Me sonrió y le respondí con el mismo gesto. Lo noté inquieto, como a punto de decir algo.
Bajamos dos pisos en silencio, pero cuando estábamos a punto de llegar a la planta baja, me preguntó con voz tímida:
-Disculpa…¿Eres Fernanda?-
-Sí- Respondí algo apenada. No puedo acostumbrarme a que me reconozcan.
-Oye y… ¿Estás trabajando?-
-Sí, de eso vengo. Ahora voy de regreso a casa-
-Este….-
Antes de que terminara la frase se abrieron las puertas del ascensor. Estábamos en el estacionamiento del sótano.
-Oye Fer… y… este…- balbuceó- Podrías quedarte y trabajar conmigo?-
-¡Claro!- contesté (de hecho me alegró ligar dos chambas sin tener que salir del lugar y manejar por el condenado tráfico).
Regresamos al elevador y subimos a su habitación. Mientras subíamos, le pregunté si antes de mí había estado con otra chica, pues es raro que un hombre solo salga de un hotel de paso, sin haberse antes consentido con alguien, en muchos de los casos, con alguna colega. Él me contó que no, que efectivamente había ido al motel con la intención de llamar a una chica de mi oficio, incluso me aseguró que su propósito era llamarme a mí, pero que no le había resultado.
Me platicó que se había instalado en el motel hacía poco más de dos horas lleno de ilusiones y con algunos números telefónicos apuntados. En cuanto consiguió cuarto, sacó su teléfono y comenzó a hacer llamadas. Me contó que, por coincidencia, fui la primera a quien llamó. Al principio no le creí, pero me lo demostró enseñándome que en la memoria de su celular estaba mi número entre los de reciente marcación. Como no le contestaba (le expliqué que no contesto el teléfono cuando estoy trabajando), buscó a otras chicas de las que se anuncian en las páginas de Internet y, casualmente tampoco las encontró disponibles. Una no podía, la otra lo mandaba a buzón, una tercera le dijo que iba, pero nunca llegó y yo no contestaba. Tras dos horas, harto de tanto marcar sin buenos resultados, decidió darse por vencido y dejar la habitación sin haber cumplido su propósito. Fue entonces cuando salió y se encontró conmigo en la puerta del elevador.
Cuando entramos en su cuarto le pedí que me dejara ducharme. Hacía un rato acababa de estar con otro cliente y nunca me ha gustado pasar de una cama a otra sin darme un buen regaderazo. Realmente me importa mucho que cada cliente sepa que está tocando y besando una piel limpia.Mientras nos bañábamos, mi cliente me contaba lo difícil que resulta, según su experiencia, contratar los servicios de una escort de las que nos anunciamos en Internet. Sobre todo estaba muy molesto con la chica que le dijo que iría y a la mera hora le canceló. Creo que hasta la tercera llamada de él, la chica le confesó que no podría llegar. Entonces me preguntó porqué suceden estas cosas.
Creo que hay un sinfín de razones y explicaciones para no acudir a una cita, pero la principal, es que no vendemos pizzas, ni podemos garantizar que cuando nos llamen hemos de llegar en no más de treinta minutos y bien calientes. Me pongo en su lugar y lo entiendo. Tiempo y dinero desperdiciado viendo televisión en una habitación de hotel, esperando con ganas de una tarde de pasión con una niña de buen ver y tener que regresar al tráfico de la ciudad sin más premio que su frustración, pero tendría que ponerse en los zapatos de la chica.
¿Saben cuantas llamadas recibimos al día? ¿Cuántas personas nos llaman diciendo que se instalarán en tal o cual hotel y cuán pocos vuelven a llamar ya instalados?
¿Se imaginan cuántos chicos se instalan en el hotel antes de preguntarte si tienes la tarde libre o, al menos, tiempo disponible?
Hay veces que por tratar de complacer y de quedar bien con todo mundo se le dice a un cliente que irás y luego las cosas se complican. No es algo premeditado. Yo, por ejemplo, cuando ya tengo compromisos o estoy ocupada prefiero no contestar. Para contratar los servicios de una chica de internet, lo mejor -antes de meterte en un cuarto de hotel- es que lo acuerdes bien con ella por teléfono, que arregles la cita con anticipación. Sólo habiendo asegurado lugar y hora, puedes tomar una habitación. Así no te quedas plantado.
Más o menos así se lo expliqué a mi decepcionado cliente. Cuando salí del baño me le acerqué toda mojada, caminé lo más sexy posible hacia él y muy, muy cerquita del oído le susurré con mucha dulzura: -Además tú saliste ganando, no habrá llegado la chica que dices, pero a veces lo que no llega, lo puedes encontrar en el ascensor- Le di un beso y solté la toalla.
Besitos
Fernanda, siempre

4 porras y 2 mentadas:

LicDFMex dijo...

Vaya que suerte tienen quienes de casualidad te ven pasar, sigue asi con tus historias y experiencias la verdad dan gusto leerlas

JETHRO dijo...

Hola Fernanda, es la primera vez que tengo el gusto de escribirte unas cuantas lineas y verdaderamente es un placer, he leído algunas paginas de tu sección y me parece estupenda la forma de narrar y transmitir toda una serie de sensaciones que realmente causa emoción y gusto leerlas, ¿tienes algún libro?... esperando la próxima publicación, recibe un cordial saludo y si quieres un beso donde quieras, que estés...

hat suck dijo...

hey muy buena historia fer, eres famosa!

Anónimo dijo...

Hola fernanda que feliz nosd haces al poder leer en tu pagina todas las cosas que te pasan, sabes es divertido poder leer de ti y mas en el periodico felicidades.