Besitos.
noviembre30,
Estoy en CANCÚN
Besitos.
a las 23:48 18 porras y 2 mentadas
Etiquetas: TELÉFONO EN CANCÚN: 044 99 8192 8117
noviembre28,
Hoy amanecí nostálgica y...
Caminé de regreso a la cama vi mi computadora abierta sobre la mesa y decidí jalarla para ponerme a ver qué onda acá con el blog, siempre me alegra leer las cosas que me ponen y todo lo que me dicen, realmente me he acostumbrado mucho a disfrutar de este espacio como un confesionario chido. Aunque a veces no sé ni que poner (se nota).
El caso es que hoy tengo muchas ganas de hacer el amor, no por trabajo sino por el puro gusto de hacerlo. Tengo ganas de que alguien entre a mi cuarto, se meta aquí conmigo, me calle a besos y cierre la computadora. Que bese mis senos, que me levante, que me haga suya, sin que yo meta las manos ni me mueva. Dejarlo hacer lo que quiera con mi cuerpo sin meter ni las manitas. Dejarlo besarme, acariciarme, penetrarme... Hoy amanecí nostálgica y con muchas ganas de hacer el amor.
a las 10:00 34 porras y 2 mentadas
noviembre23,
Fragmento
a las 23:49 10 porras y 2 mentadas
Etiquetas: Fantasmas
noviembre22,
Me llegó por correo...
-¿Cuál es el problema señora- Pregunta la azafata.
- ¿Es que no lo ve? - Responde la dama - Me colocaron junto a un indígena. No soporto estar lado de uno de estos seres repugnantes. ¿no tiene otro asiento?
-Por favor, cálmese- dice la azafata -Casi todos los asientos están ocupados. Voy a ver si hay un lugar disponible.-
La azafata se aleja y vuelve de nuevo algunos minutos más tarde:
- Señora, como yo pensaba, no hay ya ningún lugar libre en la clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que no hay más sitios disponibles aquí, no obstante, tenemos aún un lugar en primera clase. Es del todo inusual permitir a una persona de la clase económica sentarse en primera clase. Pero, vistas las circunstancias, el comandante encuentra que sería escandaloso obligar a alguien a sentarse junto a una persona tan repugnante.
Antes de que la dama pueda hacer el menor comentario, la azafata dirigiéndose al indígena, le dice:
- Si el Señor lo desea, tome su equipaje de mano, ya que un asiento en primera clase le espera.
Quien discrimina insulta a quien es discrimidado, pero sin duda quien hace el ridículo y se insulta más a sí mismo es quien lo hace...
a las 10:23 8 porras y 2 mentadas
noviembre20,
Anabel Ochoa
Era Anabel Ochoa y su entrañable programa de radio. No sé decir si me divirtió o me enseñó, al menos no sé qué fue lo que logró en mayor medida. Muchas de sus palabras las seguí al pie de la letra en el descubrimiento de mi cuerpo y en el ejercicio de mi oficio.
Nunca hablé a su programa ni le escribí nada, sin embargo siempre agradecí que me hablara tan directamente, tan a mí. Hoy, quienes despertamos fue con la noticia de que ella no. De que seguramente ya anda naciendo en otro mundo, conociendo y tratando de entender para enseñar, los más hermosos y sublimes regalos de la condición humana.
Qué en Paz descanse
a las 18:09 11 porras y 2 mentadas
noviembre19,
¡NO A LA PORNOGRAFÍA INFANTIL!
a las 17:25 22 porras y 2 mentadas
noviembre17,
Jingle Bells
a las 22:11 11 porras y 2 mentadas
noviembre13,
La casa de las Lomas
El caso es que recordaba que en esa casa aprendí muchas de las artes y trucos de mi oficio. Ya antes había cobrado por tener relaciones con varios clientes, cuando trabajaba en el table; pero ya cuando desde el principio sabes que a lo que vas es a coger la cosa es distinta. En el table a veces se daba, le calentaba la testosterona a un clientecillo, lo sonreía coqueto, lo miraba cachondo o le alocaba los testículos con una que otra caricia dizque accidental y, en muchos casos, aflojaba la marmaja y nos escapábamos al cinco letras. En la casa de las Lomas la cosa es distinta, una sabe a lo que va. No hay que convencer al cliente ni él a ti. Tiene sus ventajas y sus desventajas, claro, pero el caso es que allí simplemente vas a coger y pasártela rico.
Me acuerdo mucho de un señor. Ya estaba grande, supongo que más de sesenta. Cabello blanco, güero tipo colorado, buena panza, manos grandes y pito chico. Se notaba que cagaba lana. Cuando llegué me dio un beso en la mejilla, acarició mi cabello y rostro por un rato, luego se sacó el pito, le puso un condón y me lo acercó a los labios. Se la chupé por un buen rato, luego se vino copiosamente. Se quitó el condón, me dio otro beso en la mejilla y se fue… ¡Sin decirme una sola palabra! Para mí no había diferencia… Yo estaba pagada.
Ah, que andanzas por esos tiempos… allí aprendí las artes del oficio que luego aplicaría de manera independiente.
En fin, como decía Canino Canun ¿Asté quiopina?
Besos
a las 12:15 11 porras y 2 mentadas
Etiquetas: Fernanda
noviembre10,
NUEVO NUEVO TELÉFONO 5541925669
5541925669
¡Llame YA!
a las 21:03 12 porras y 2 mentadas
noviembre05,
La Alberca
Él pasaba por Valle en viaje rumbo al norte, que interrumpió cuando me conoció. Nos enamoramos como los adolescentes que éramos. Nos vimos en la Alberca, una hermosa laguna formada en el cráter de un volcán extinto donde los vallenses pasábamos los ratos libres. Hoy está seca y es un hoyo terregoso, pero entonces era bellísima.
Él vino con un amigo muy tímido que no me quería nada. En las tardes, cuando paseábamos, su amigo prefería quedarse en el hotel. La noche antes de que se fueran, me llevó a la Alberca. Nos sentamos en una de las mesas de piedra que servían para comer carnes y truchas asadas y que convertimos en la cama donde le obsequié mi virginidad. No pude evitarlo, ni cuenta me di cuando sus besos llegaron a mis senos, ni como éstos salieron de la blusa y quedaron expuestos al blanco de la luna. Recuerdo, como si lo sintiera, que goteaba cuando sus manos levantaron mi falda y sujetaron mis muslos temblorosos. Abrí las piernas, como quien invita a alguien a su casa.
Desde entonces, cuando pienso en sexo o me masturbo, me basta con cerrar los ojos para ser una adolescente penetrada a media luz por un joven hermoso. Sentir sus manos en mi cintura, mis nalgas clavadas en la losa fría, sus labios ansiosos e inexpertos en mi cuello o en mis pezones, sus ojos cerrados, su sonrisa, su gemido terminal, su cabello negro balanceándose sobre su frente con un hilito de luz plateada. Cuando me la sacó nos lo prometimos todo. Él vendría cada semana, en su momento, yo me iría a estudiar a la Ciudad de México y estaríamos juntos siempre.
No volvió, sin embargo nunca lo olvidé. Hay amores así, que viven para siempre aunque hayan durado tan poco. Después de él, otros hombres pasaron por mi cama, me vine a vivir a México e hice mi vida, pero no volví a enamorarme. Desde entonces, cada año en esa fecha vuelvo a la Alberca y cuando la noche cierra revivo con las manos aquel orgasmo memorable. Así pasaron 20 años.
Esa noche igual que las 19 anteriores, me masturbé a la luz de la luna y sobre la misma mesa. Estaba cansada y comenzaba a sentirme vieja. Decidí que no volvería allí ni lo extrañaría más. Trataría de olvidarlo y, si aun podía, de enamorarme de otro. En ese momento vi que, entre la maleza, alguien me observaba.
Increíblemente era él. También los años le habían cobrado factura, pero algo había que lo hacía idéntico al muchacho que veinte años antes había abierto entre mis piernas un camino sin regreso. Sorprendentemente hablamos sin reproches. Sin preguntas ni averiguaciones, me tomó de la mano y caminamos alrededor del socavón que otrora fuera una hermosa laguna. Hablamos, reímos, nos besamos. De pronto, nos detuvimos frente a la mesa de piedra donde hacía una vida cogimos como sólo dos adolescentes pueden y, con el mismo temblor en los labios, me besó y levantó mi falda, hurgó bajo mi blusa y estremeció mi ombligo. Sentí en la sienes una presión maravillosa, como el toque de un ángel y luego un terremoto que separó mis piernas y recibió un vaivén inundándolo con los jugos del deseo. Hicimos el amor por varias horas, lo viví y lo experimenté todo esa noche. Sexo maduro, preciso, agitado. ¡Sublime!
Cuando terminamos, me miró fijamente y me prometió que nunca más volvería a verme. Me besó la frente cuando sonreí y cerré los ojos. Realmente no quería volver a verlo, sin lugar a dudas sentí que ese ciclo se había cerrado y volví a México sin siquiera preguntarle qué haría él.
Una semana después, por esas casualidades que sólo el destino entiende, me encontré al amigo aquel con quien él había ido a Valle. Nos reconocimos y, envalentonada por la coincidencia, le dije que recién había visto a su viejo amigo. Empalideció y, con la voz cortada, me lo contó todo. Al fin supe que el amor de mi adolescencia había muerto en la carretera la mañana siguiente a la noche en que hacía veinte años hicimos el amor.
Una buena historia a propósito de estos días en que se celebra lo frágil que es la vida.
Muchos besos
a las 19:02 23 porras y 2 mentadas
noviembre04,
¿Qué tal la alberca?
¿Qué tal? ¿Alguien leyó hoy mi cuento de La Alberca? Es la primera vez que me animo a publicar en el periódico algo que no es una crónica, sino un cuento ¿Les gustó?
a las 13:52 23 porras y 2 mentadas